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PERSEO CON LA CABEZA DE LA MEDUSA. OBRA DE BENVENUTO CELLINI |
Después de Rodó
''La criatura armoniosa que dio con su cuerpo el arquetipo de nuestra hermosura -hace decir Rodó a Perseo-, y con su alma el dechado de nuestra serenidad, pasó como los semidioses de mi raza y como los profetas de tu gigantesco Israel. Los que hoy se llaman hombres, noble título que quisieron llevar tu Dios y los míos, no lo son sino en mínimas partes. Todos están mutilados, todos están truncos (...) Son despojos del hombre, vísceras emancipadas. Falta entre ellos aquella alma común de donde nació siempre cuanto se hizo de duradero y de grande (...) Su genio es la invención utilitaria y conceden las glorificaciones supremas al que (...) regala al mundo uno de esos ingeniosos inventos con los que el Leonardo de nuestro siglo jugaba, como con las migajas de su mesa, entre un cuadro divino y una teoría genial''.
A partir de los años 1920, la herencia cultural de Rodó (el arielismo, del nombre de su obra más popular, Ariel) toma rumbos ideológicos nuevos. El contexto histórico es nuevo: una combinación de consecuencias de la Primera Guerra mundial y de transformaciones sociales en ascenso: el crecimiento de la inmigración europea, la formación de las capas medias, la modernización de las ciudades.
José Vasconcelos
En sus obras claves, La raza cósmica e Indología, el intelectual mexicano de raíz arielista desarrolla la idea de una raza síntesis con énfasis en lo espiritual hispánico latino más que en lo tecnológico de origen anglosajón. La ''raza cósmica'' logra la unidad del género humano, al integrar lo nórdico con lo africano, lo mediterráneo con lo asiático y lo indígena. Predice que, con el desarrollo, las condiciones sociales van a mejorar, y el mestizaje se dará de forma más espontánea, según el gusto y no la necesidad.
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PINTURA DE ESTILO MURALISTA MEXICANO |
Anuncia que una vez superado el interés material y militar, los seres humanos podrán dedicarse más a lo político y lo intelectual, pasarán del reino de la necesidad al reino de la libertad, donde podrán desarrollar sus talentos sin obstáculos sociales o materiales.
En el programa que Vasconcelos presentó junto con su candidatura presidencial, en 1929, propuso el rescate de nuestra personalidad, la nacionalización de los recursos, la defensa contra la penetración imperialista, el poblamiento del territorio con prioridad de lo nacional frente a lo extranjero, la construcción de escuelas de doctrinas iberoamericanas. Énfasis por lo tanto en lo social, el desarrollo y lo identitario. Vasconcelos representa, al mismo tiempo, el pensamiento elaborado antes, durante y después de la Revolución Mexicana entre 1909 y 1930.
Énfasis en lo social y en lo identitario
El objetivo era insertar a México en el mundo de la posguerra. Pero el impacto de las reformas educativas de Vasconcelos se hizo sentir más allá de las fronteras de México. A través de Gabriela Mistral se difundieron en Chile y en el resto de Hispanoamérica en los años 1920. Sobre todo lo referido al impulso de la educación técnica, la extensión de la educación primaria, la alfabetización del indio. Además, Vasconcelos había reclutado muchos talentos fuera de México:
''El hispanoamericanismo del presidente Obregón es sincero -decía Gabriela Mistral- Colaboran en su administración hombres de todos nuestros países y especialmente los de Centroamérica. Al hablar de hispanoamericanismo, el presidente Obregón me va citando uno a uno los nombres de los propagandistas de significación que tuvo esta campaña, con perfecto conocimiento de sus obras, desde Rodó a Manuel Ugarte y Blanco Fombona''.
Hacia 1913, el Partido Nacionalista Chileno presentó un programa que incluía la nacionalización de ciertas industrias, la protección de otras, la protección de la clase trabajadora, la unión comercial entre Chile y los países limítrofes.
Por 1916, en Paraguay, planteaban la cuestión social Ignacio Alberto Pane y el Partido Nacional Republicano. La influencia de Rodó había llegado a Paraguay a través de Manuel Domínguez.
En 1915, el Partido Nacionalista Democrático de Perú, que agrupaba a José María de la Riva Agüero, José María de la Jara, José Gálvez, Óscar Miró Quesada, Carlos Alayza, y Víctor Andrés Belaúnde, entre otros, emitió una declaración donde decía:
''Somos partidarios de la legislación obrera y de la intervención del Estado en los conflictos entre capital y trabajo. Es en el Perú, aspecto peculiar y principalísimo de la cuestión social la desdichada condición del indio que debe remediarse''.
El énfasis en lo social se hizo muy nítido en Perú por 1924, con la generación del Centenario, fecha en la cual se enunció la primera versión del programa del APRA, de vocación continental.
En eso se estaba, es decir, bajo el influjo de los cambios sociales, el impacto de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Mexicana, cuando en los primeros años de la década de 1920 empezó a difundirse también la Revolución Rusa, lo que introdujo, aunque de manera muy débil al principio, la filosofía y la experiencia política marxista. Un importante representante peruano de esta corriente fue José Carlos Mariátegui.
A este desarrollo intelectual que fusiona la defensa de lo identitario y lo social como una sola cosa, Eduardo Devés Valdés (Del Ariel de Rodó a la CEPAL, 1900-1950) lo denomina identitarismo social.
Énfasis en la tradición y en lo identitario
Más apegados a una visión cultural e histórica, los nacionalistas integristas de la misma época adhirieron a una postura de corte hispanista con énfasis religioso o teológico. Después de la Primera Guerra Mundial incorporaron la reflexión sobre cuestiones económicas y sociales acercándose al fascismo. Según los países, se puede identificar a los integristas en Brasil, los cristeros en México, los nacionalistas en Argentina y Chile. De manera más bien vaga y confusa se denomina a esta corriente hispanismo, conservadurismo, neorromanticismo y hasta iberismo.
Es un pensamiento con raíces claramente católicas, inspirado en los españoles Donoso Cortés y Juan de Vásquez de Mella, espiritualista y antimodernista, con influencias de Charles Maurras o Maurice Barrès. En México se opuso a las políticas de la Revolución, mientras en Argentina y Perú estuvieron vinculados a segmentos del Estado. Su interpretación histórica pasa por una reivindicación del pasado hispano y de la evangelización; implacable análisis condenatorio de los partidos liberales y de las repúblicas oligárquicas posteriores.
Leopoldo Lugones fue uno de los precursores del nacionalismo hispanista en la Argentina, aunque originariamente no pertenecía al ámbito cultural católico. Pero -según Devés Valdés- para percatarse de la conexión entre el pensamiento de 1900 (como el de Rodó) y el hispanismo católico, es interesante conocer el texto de Carlos Ibarguren, quien escribió en La inquietud de esta hora:
''La generación de la posguerra repudia el intelectualismo que dominó a fines del siglo XIX y ahora es reemplazado por el impulso vital. Hay una exaltación de los sentimientos religiosos y patrióticos. Una onda espiritualista impregnada de neomisticismo aparece y late en la juventud. Todas las construcciones racionalistas, positivistas, cientificistas, son rechazadas, para dar lugar a la concepción bergsoniana de exaltar una intuición de la vida, que debe ser vivida más que representada, actuada más que pensada''.
Sin embargo, las corrientes que venimos comentando, incorporan aportes de mucho más atrás, del tomismo, por considerar que el racionalismo tomista siempre había formado parte del núcleo de la tradición nacional. La filosofía tomista acercó, de esta manera, el nacionalismo al tradicionalismo. Los nacionalistas que al actuar como historiadores son revisionistas, reivindican el pasado hispánico como aquel que constituye y caracteriza lo americano propiamente dicho, como sería el caso de la figura de Juan Manuel de Rosas.
Contexto en el que se produce la formación o difusión de estas corrientes
El positivismo finisecular fue el gran aliado del proceso modernizador y del Estado oligárquico en las últimas décadas del siglo XIX. Por su énfasis en la racionalidad científica, su exaltación de la tecnología y el determinismo, su adhesión al modelo cultural y económico anglosajón, su admiración por Inglaterra y los EEUU, ya había provocado entonces, la reacción ''espiritualista'', que empezando por Uruguay, y a través de Rodó, se difundió luego por las Américas al Sur del río Bravo.
Por el contrario, en el romanticismo de las décadas anteriores había un sentido predominantemente identitario, aunque la discusión por lo identitario fuera entre ''civilización'' y ''barbarie'', ''libertad'' o ''tiranía'', es decir, si el énfasis tenía que estar en lo europeo, lo sajón, lo latino, lo mestizo, lo indio o lo hispano. Como contexto, las Guerras civiles y el periodo de anarquía política.
El mismo movimiento pendular hacia lo identitario lo tenemos -según Devés Valdés- como resultado del impacto de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y el proceso de formación del fascismo.
Salvo EEUU y Canadá, las Américas no desempeñaron un papel activo en el conflicto, pero sí reciben de manera indirecta, pasiva, las consecuencias de la Primera Guerra Mundial; para empezar, en sus economías. Y es que el conflicto afectó su inserción en el mercado internacional británico como proveedoras de materias primas, y luego las obligó a tomar posición -de manera tardía- a partir del momento en que EEUU se involucró en el evento.
Brasil llegó a enviar tropas a territorio europeo, aunque éstas arribaron cuando ya se había firmado el armisticio. Algunos episodios aislados se produjeron en las costas del archipiélago Juan Fernández, bajo soberanía de Chile. Ese fue el caso del acorazado alemán Dresden, que fue cañoneado y hundido por los británicos desde su propias unidades navales en el área: el Kent, el Glasgow y el Orama. El hundimiento se produjo el 14 de marzo de 1915.
Pero en general, las Américas funcionaron como granero y reserva de recursos de Europa. Y para evitar las consecuencias de la guerra en las economías, los países se declararon neutrales. El problema es que la Primera Guerra Mundial fue una guerra económica mundial. No había forma de evitar el impacto. Por ejemplo, en 1914, el pánico provocó pérdidas en el sector financiero. La inflación -por escasez de los productos- hizo caer los salarios reales y el desempleo -por falta de inversiones o quiebra de empresas- aumentó las tensiones sociales. Al mismo tiempo aumentó la presencia de EEUU en la región, que desplazó a sus competidores europeos como socio comercial.
Según el historiador chileno Víctor Tapia, la Primera Guerra Mundial, mucho antes de que se sintieran las consecuencias de la crisis de 1929, -que echó por tierra el modelo de inserción del Estado oligárquico en el mercado internacional liderado por Inglaterra-, puso fin a lo que había sido un periodo de importante crecimiento económico y de intensificación de los vínculos comerciales. Las balanzas comerciales que hasta el momento arrojaban superávit se volvieron deficitarias.
El 1º de agosto de 1914 el diario chileno El Mercurio de Valparaíso alertó:
''Vivimos una vida artificial, de entradas extraordinarias, no de las normales. No producimos nuestros consumos. Nuestro pan se está haciendo de harina importada; la carne que consumimos nos viene de afuera. Sin la renta del salitre no podremos subsistir: su restricción obraría en el acto en toda la economía nacional y muy especialmente en la administración pública''.
Ocho países optaron por unirse a los Aliados declarando la guerra a las Potencias Centrales, cinco rompieron relaciones con ellas, siete se mantuvieron neutrales.
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PAÍSES NEUTRALES, ALIADOS Y PARTIDARIOS DE LAS POTENCIAS CENTRALES. FUENTE: SM |
Desde un principio hubo conciencia de la gravedad del evento que se estaba desarrollando. Se escribieron editoriales en los principales diarios de la época con enfoques similares al de Rodó: que la civilización estaba entrando en una fase de deshumanización, que la guerra misma era una traición a la civilización, una catástrofe y una tragedia para la humanidad. De hecho la guerra produjo 20 millones de muertos.
Para el profesor alemán Stefan Rinken, la imagen de Europa en las Américas cambió, que vieron a partir de entonces al Viejo Mundo como un lugar ''desgastado, decadente, que traicionó a la civilización con un retroceso a la barbarie''. Sobre todo, dice Rinke, entre ''los movimientos nacionalistas, revolucionarios, indigenistas, sindicalistas, universitarios, de jóvenes o de mujeres, que adoptaron estas percepciones negativas''.
La guerra no provocó estos movimientos, pero los catalizó. Según Rinken:
''Decían representar la juventud y la modernidad, y por lo tanto, serían el polo opuesto de la Vieja Europa y de la vieja oligarquía de sus propios países. En su retórica, ellos eran la generación del futuro, mientras que el viejo sistema era una cosa del pasado, destruida por la Guerra''.
También según Rinken, la Primera Guerra Mundial produjo en las Américas un cambio cultural que dura hasta nuestros días.
De manera que -para matizar a Devés Valdés- podríamos afirmar que el viraje pendular desde modernismo a identitarismo no excluye, luego de la Primera Guerra Mundial y en el transcurso de ella, la fusión del movimiento identitario con nuevas formas de modernidad, aunque ahora desde otras perspectivas.
¿Quién se benefició y quién se perjudicó con el conflicto?
Los países hispanoamericanos y España, que como se puede apreciar en el mapa, adoptaron una postura de neutralidad frente a la Guerra, que no estaban interesados en la Guerra, que estaban viviendo un periodo de crecimiento económico y de expansión comercial, por más que sus economías estuvieran atadas a intereses británicos, -y justamente por eso eran más vulnerables- fueron los más perjudicados, aunque de manera pasiva.
En cambio, los países que sí se involucraron en el conflicto, que fueron sobre todo los que integraban el Imperio británico, que sí tenían intereses en el conflicto, y obviamente, sus rivales, las Potencias Centrales, con menor influencia global, pero que incluían países de tres continentes fueron quienes apostaron a un nuevo reparto del mundo. No obstante, estos últimos resultaron derrotados, por lo cual la Guerra se decidió a favor de los Aliados, es decir, el Imperio británico y sus aliados. Con un nuevo reparto de influencias geopolíticas a favor de EEUU en las Américas, a favor del Imperio británico y sus aliados en el resto del mundo pero también en algunos puntos claves de las Américas.
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EUROPA ANTES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. FUENTE: ATLAS VICENS VIVES |
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REPARTO COLONIAL ENTRE LOS GRANDES IMPERIOS ANTES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. FUENTE: AULA VIRTUAL. PROFESORA YOLANDA MARCO |
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EUROPA HACIA 1919, DESPUÉS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. FUENTE: ATLAS VICENS VIVES |